Por: Héctor Aponte Alequín / Para Primera Hora
Maripily no es la misma. En plena preparación para la primera parte de la sesión fotográfica de su próximo calendario y sin una gota de maquillaje, le da con proponer ideas sobre la libertad humana.
Sus vivencias y sus proyectos comerciales ya no son sólo un pie forzado para posicionarse como blanco de atención. De ellos extrae el material para, más allá de la fama y el lujo personal, asumir el compromiso que, opina, debe motivar la carrera de todo artista: aportar al mejoramiento de la sociedad, también...
A Maripily la ha transformado la abstinencia.
“Ya van cuatro meses que no salgo en portadas, solamente en el programa familiar de los domingos (“¡Qué suerte!”, Univisión). ¡Cuatro meses! ¿Tú sabes lo que es eso? ¡Cuatro meses!”, exclama mientras el viento de un blower eleva sus cabellos sobre su espalda a la altura de una silla de salón de belleza desde donde observa la cama y la bañera donde posará semidesnuda.
Esa “cuaresma” no ha pasado en vano. Es la última fase de un desierto espiritual iniciado con la vuelta a la soltería y agravado por el “enamoramiento” de su hijo José García “Joe Joe”. Y qué mejor forma para demostrar que ya está en plena libertad y posesión de su vida, que con otro calendario, metaforiza.
“Yo siempre he sido independiente, pero desde que estoy soltera, sin esa influencia a veces mala que tiene la voz de un hombre al lado tuyo todo el tiempo, he podido poner en palabras todo lo que yo siempre he pensado, lo que yo siempre he sido: libre, y que entiendo que puede ayudar a todos los que han sufrido esas presiones y prejuicios de la sociedad que yo he sufrido y superado”, afirma con la piel dorada cual resultado de una prueba de fuego, literalmente.
“Y cuando empecé a ver que Joe Joe se estaba convirtiendo en ese hombre posesivo, controlador, me dije que ya basta. Yo quiero salvarlo de esas conductas y salvarme a mí como mujer. He dejado de ser la madre manipulada, la mujer manipulada. Aquí el machismo no cabe. Y las mujeres de Puerto Rico se deberían dar cuenta de eso de una vez, para que termine el abuso”, dispara con la barbilla alzada mientras Milly Banch, su maquillista, le pone brillo en los párpados.
La futura actriz –protagonizará una película de Fernando Allende de la que no puede ofrecer más detalles– se referería a su apoyo al arte del desnudo y el bodypainting, matrices de este calendario de 2008; al matrimonio homosexual; y al reconocimiento gubernamental y cívico que aún no se les concede a las mujeres trabajadoras.
Esas reflexiones surgieron cuando tuvo que explicarle esos temas a Joe Joe como parte del proceso de desprendimiento que le aconsejaron sus psicólogos tras determinar que la obsesión del niño por su madre se estaba saliendo de proporción, confesó Maripily.
“¿Qué está pasando que estamos regresando a los tabús? ¡Hello! ¿Cómo es posible que haya gente que no diferencie lo que es vulgar a lo que es arte. Por eso yo se lo expliqué a mi hijo, porque después los hombres que no saben esas diferencias son los que les pegan a sus mujeres, los que violan a sus hijas. El cuerpo humano es nuestro templo. Él solito, con sus formas, es un arte. ¿Por qué no apreciarlo? Y si lo pintas, le añades otro arte encima”, profundiza María del Pilar Rivera al defender el estímulo de la desnudez.
Pone como contraejemplo para los hombres descritos a su padre, Héctor Rivera, quien posaba en bikini cuando era fisiculturista y con quien bromea sobre la posibilidad de aparecer juntos en la revista Playboy.
Defiende, asimismo, que el bodypainting y los desnudos se practiquen con más frecuencia para combatir la censura artística y la ignorancia del público.
Y es que la libertad, entiende, es uno de los derechos más importantes del ser humano porque deja expresar “nuestras cosas lindas”. Coartarla es, entonces, “destruir esas cosas lindas”, como el amor homosexual.
“Mira, basta ya de hacerles daño (a los homosexuales). Ellos tienen derecho a casarse, a amarse. Si los straights tenemos derecho a ser felices, ¿cómo es eso de que ellos no? Déjenlos que adopten niños. La gente que sufre y sigue luchando a veces tiene más capacidad para criar hijos que los que se meten en una falda larga a orar”, denuncia.
Esta vez, se ofrece a sí misma como ejemplo de este caso y del de la fuerza laboral femenina.
“Mira en cuántos trabajos le siguen pagando más a los hombres: un montón. Pues no. Se acabó. Las empresarias como yo vamos a callar las bocas”, advierte.
Esas filosofías se concretan en su calendario, que incluye bodypaintings del lazo de prevención contra el cáncer de seno, con el solo hecho de hacer uno, apuesta la artista de 29 años.
“Yo me voy a comer el mundo. Yo no soy el mundo. Si yo me creyera el centro del mundo, pues me estaría comiendo a mí misma”, concluye al descender de la silla camino a otro bronceado, trayecto que recorre sobre las puntitas de sus pies.
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