Por: DoubleHit.com
Se trinca cuando se le viene encima. Pero el brochazo es cariñoso, la hace gemir en tono bajito. De hecho, pocos segundos después de sentirlo, Maripily se abre al calor de una carcajada relajada, sin el dificultoso aleteo de pestañas postizas que suele acompañar sus brotes de culequería.
La prueba de esa felicidad sosegada, rasgo de la “nueva mujer” que lleva “adentro”, son los cráteres que multiplican su sonrisa en las capitales de su mapamundi: sus cachetes, sus glúteos y su corazón.
Y es que no es un bisturí lo que se aventura en su piel. Cuando se le hace esta pieza de bodypainting en particular, la fuerza con la que la sensibilidad entra, rebasa incluso los montes que protegen ese último epicentro de su vida.
El lazo rosa que le siluetean entre sus pechos desnudos a la modelo puertorriqueña no sólo festeja con solemne regocijo la “belleza” que ella misma se ha agenciado para su cuerpo mediante intervenciones quirúrgicas. El arte que le propinan las manos de su “hada madrina de la hermosura”, su maquillista Milly Banch, también acentúa la estética con la que Maripily está decidida a ornamentar su alma.
“Yo he visto este proceso tan doloroso en muchas amigas que he perdido por el cáncer de seno... Son como tres... Y me dije: ‘Maripily, si vas a hacer un calendario con desnudos artísticos y bodypainting, ¿por qué no poner ese granito de arena para ahorrarle dolor a tanta gente, para que sepan lo importante que es la prevención?’ La nueva Maripily se preocupa por estas cosas, quiere aportar a la sociedad”, cuenta la también animadora con una sonrisa que, aun moderada, le sigue sacando hoyuelos en las mejillas cuando anuncia que el calendario ya está a la venta a partir de la semana próxima.
En un principio, la joven de 30 años pensaba incluir en este proyecto las fotos en las que aparece en su pecho el símbolo que utiliza la Sociedad Americana del Cáncer (SAC) para exhortar a prevenir el cáncer de seno. Pero, tras la transformación que dice haber vivido en un año de soltería y cuatro meses sin haber aparecido en portadas, entendió que “desentonan” porque “son demasiado sexis” el resto de las imágenes.
“Podrían donarse a la SAC. Yo llevaba pensando la idea por meses y, cuando se lo propuse a ella, rápido dijo que sí, porque ella tiene muchos deseos de aportar en esto”, comenta el creador del concepto fotográfico, Louis Martínez, al evaluar una pose de dirty girl que improvisa el blanco de su lente.
De repente, una mano bronceada y nerviosa se interpone frente a la boca del fotoartista. A Maripily por poco se le salen los ojos. No quiere que se ofrezcan más detalles sobre las acciones de índole social, como donaciones de dinero a entidades comunitarias, que suele practicar. Después dicen que quiere más publicidad a costa de ello, lamenta acongojada.
Pero ella no puede vivir sin manifestarse, y por eso ha recurrido a un arte visual que impregne en carne propia –su piel– el sentido de madurez artística que la asedia, confiesa al dejar de tararear musiquita de lounge.
“Cuando yo llego a un sitio, lo que quiero es que me miren, que hablen de mí, que comenten. Pero que comenten por lo que ven, que es bonito, y no por lo bueno o lo malo que yo esté haciendo. Lo peor que puede hacer una persona es juzgar”, diserta cubierta por una toalla que le oculta la “totin”, como llama a su área genital.
De ahí que el calendario también incluya bodypaintings de la bandera puertorriqueña y el juego de balompié. Con voz engolada, Maripily explica la alegoría subyacente debajo de la combinación, en apariencia caótica, de estos símbolos.
“Todo tiene que ver con uno cuidarse por dentro y por fuera. El soccer es para fomentar el deporte, que es tan importante para nuestra salud del cuerpo, y los niños lo practican y dejan las drogas y el alcohol. Y la bandera boricua es nuestro orgullo, esa necesidad que yo tengo de representar dignamente a mi país ahora que mi carrera se vuelva internacional (con su aparición en la revista Playboy en Navidad). La bandera es ese algo que nos hace orgullosos de lo que somos, y nos hace más estables en nuestros sentimientos”, discurre escurriendo sus extensiones de cabello para evitar que se manchen.
“Es una forma de darle amor a mi público... Todo el amor que no le doy a un hombre, lo voy a repartir...”
Se calla súbitamente. Tanta sonrisa, tanta felicidad, han abierto demasiado su boca, su alma, reflexiona. Carne y corazón se cierran de nuevo. Descansan. Se reservan su hilaridad simultánea. Y Maripily no se trinca con el próximo brochazo.
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